miércoles, abril 19, 2006

El Brillo de los Sueños


Eva entornó los ojos deslumbrada por la cegadora luz blanca que entraba por la ventana y era reflejada por las paredes. Por fin haría un buen día.

El bebé dormía tranquilo mecido entre sus brazos.

''Mira pequeño... No, no mires. Sigue durmiendo, te lo mereces. Han sido unos días duros, ¿verdad?... Eso es. Descansa, bebé. Sueña con burbujas de colores y con nubes de algodón. Con esas cosas con las que soñáis los enanitos como tú y que, poco a poco, se alejan de nuestra vida a medida que nos hacemos mayores.”

“¿Sabes que tu mamá también soñaba, Álex?... Álex... Qué curioso, cada vez que pienso en tu nombre completo, Alejandro. Menuda tontería estar inscrito en el Registro Civil con un nombre que no te identifica, ¿no? Una vez tu padre me preguntó por qué siempre te llamábamos Álex. ¿A que no sabes qué le contesté?... Que tu nombre completo era una barrera demasiado larga. Un obstáculo que había que salvar antes de llegar a todo lo bueno que se dice después del nombre: Álex es dulce, Álex es cariñoso, Álex es un bebé muy guapo; Álex, ten un beso... Alejandro es una palabra demasiado larga hasta el verdadero sentido de lo que importa.”

“Tu padre me miró como a una loca, luego se echó a reír. Al principio lo hacía mucho, pero es normal. Al principio todo es nuevo, todo sorprende, tienes ganas de descubrir cosas y vivir en un constante suspense. Con el tiempo, lo bueno y lo malo se va igualando y ya no te hace tanta gracia seguir investigando. Sobreviene el miedo. El temor a lo desconocido, a la duda sobre qué será lo próximo, ¿bueno o malo?, ¿agradable o desagradable?, ¿tolerable o insoportable? Gracias al amor desarrollas una especie de escudo. Una protección tejida a partes iguales por el cariño y el respeto... Empezada con la ilusión que confiere la pasión y continuada con la monotonía de la rutina. La mía, mi protección aún era fuerte, todavía la seguía tejiendo con pasión. Los pequeños desencantos que sufría de tu padre, no podían penetrarla. Habían sido muchos años de investigación y descubrimientos. Antes incluso de salir juntos, tu madre, la exploradora Eva, ya había recopilado gran parte de material en su labor de campo. Nunca fui una chica sencilla, fácil. Para conquistarme, tu padre tuvo que ir abriéndose a mí, a esa chica pejiguera que picaba y picaba en sus defensas a la búsqueda de algo que le sorprendiera. Como un minero, cavé y cavé extrayendo piedra y carbón, minerales sin importancia. Sin embrago, imagina el día que di con la gruta llena de diamantes y gemas preciosas. El corazón de tu padre me conquistó, Álex. Era lo más maravilloso que había visto nunca.”

“Por eso ahora me duele tanto.”

“Éramos la pareja perfecta. Nacho y Eva, o Eva y Nacho, como prefería yo. Todo el mundo nos lo decía, e incluso al contrario de lo que manda la tradición, nuestros padres se llevaban bien...”

“Yo seguía con mi excavación y las piedras preciosas seguían apareciendo. No existía razón alguna para no casarnos. No teníamos mucho dinero, pero no nos importó. Lo importante era que estuvieran todos nuestros amigos y familiares (que eran muchos) y no el idioma en el que figuraran los platos en el menú. Sí, fue barato pero especial. Tuvimos que renunciar a uno de nuestros sueños (con el tiempo tú aprenderás también a hacerlo): salir de España en nuestra luna de miel. Sacrificamos el viaje al extranjero por compartir aquel día con los que nos importaban. Al cabo del tiempo, gracias a las piedras preciosas que ambos habíamos adquirido del otro, pudimos cumplir el sueño. Algún día, Álex, te llevaré a Florencia y a París, a Budapest y a Dublín… a tantos sitios a los que fui con él...”

“Él no nos acompañará, pequeño.”

“La mejor inversión que hicimos de nuestros diamantes, fuiste tú. Tú que viniste hace siete meses para poner la guinda en el pastel de nuestra felicidad. Yo no parí sólo un niño. Fue como dar a luz a todos los sueños de los dos reunidos en ti. Creo que nunca fuimos tan felices como el día en el que llegaste a nuestra vida. Ya durante el embarazo estábamos pletóricos. Tu padre me tachaba de loca por ponerte su maqueta en los auriculares, directamente sobre mi barrigota. No te lo he dicho, pero tu padre tocaba el piano. No vivíamos de ello, él trabajaba en Correos y yo en una oficina de seguros. Sin embargo, él no renunciaba a su música. Confiaba en que algún día, alguien se fijaría en su obra y, movido por la felicidad que lo embargaba durante aquel período de nuestras vidas, compuso la que considero la mejor de sus obras. Él le dio el alma, yo tan solo el título: El Brillo de los Sueños. Suena cursi, ya ves, cosas de tu madre influenciada por los diamantes que compartíamos.”

“Luego la dedicación a ti, a nuestro mayor sueño. A tus ruiditos, a mirar tus ojitos de zafiro, a cada uno de tus movimientos, a comerte a besos… a quererte más de lo que nos queríamos nosotros, algo ya de por sí difícil.”

“Ya te he dicho que nuestra relación era un tanto atípica. Nuestros padres se llevaban bien, tardamos bastante en salir juntos… y contrariamente a lo que sucede con la mayoría de las parejas, nuestro amor no decayó tras tu nacimiento, más bien se acrecentó.”

“Quizá, gracias a eso, tu padre logró su objetivo. Hace poco, nos comunicaron que 'El Brillo de los Sueños iba a ser interpretada por la Orquesta Nacional como parte del premio por resultar ganadora del VII Certamen Manuel de Falla para Compositores Noveles.”

“Fue una noche mágica. Felicitaciones por todos lados, reconocimientos y la sonrisa de tu padre que lo inundaba todo. Tú te portaste muy bien, como lo que eres, como un bebé buenísimo. Todo era perfecto y lo celebramos; hasta tu padre, que no bebía nunca, dio cuenta de alguna copa de cava de más.”

“Quizá fue el alcohol lo que le dio la valentía necesaria para hacer lo que hizo.”

“Volvíamos a casa. Tu padre iba callado en el coche. Yo imaginé que estaba cansado después de la fiesta. Sin embargo, algo no iba bien, los diamantes no brillaban como antes, su esplendor era eclipsado por la sombra de lo que se avecinaba.”

“El coche se detuvo y lo único que dijo fue un Me voy. Cuida de Álex. Lo siento.”

“Dicen que los diamantes son los minerales más duros de la Tierra. Aquella noche, los míos se quebraron en mil pedazos con una facilidad increíble. Mis lágrimas brillaban más que aquellos trocitos de fría piedra. Recuerdo que le pegué para que reaccionara, para que se diera cuenta de que lo que decía era producto del alcohol. Tú llorabas, aun siendo un bebé eras consciente de que tu papá se marchaba. Nos abandonaba... Nacho, tu papá, se fue y no dio explicaciones.”

“En los días siguientes me pregunté porqué, lloré por cada segundo que pasé a su lado y lo odié por haberme robado el amor que nunca había merecido. Sí, Álex, tu mamá se volvió histérica. Por eso está hoy tan fea. Me faltan mechones de pelo, me sobran ojeras y arrugas, pero no me eches a mí la culpa. La culpa es de tu padre que; una vez cumplidos sus sueños, consideró que ya no le podíamos ofrecer nada más. Recuérdalo así, Álex, pequeño. Recuerda a ese bastardo egoísta como el ser más despreciable y mentiroso de toda la Creación. Recuerda que se fue y nos abandonó. Recuer… da… Re... cuer... da…”


La enfermera tardó sólo un momento. Cerró la puerta tras de sí y se reunió con su compañera, una jovencita recién llegada a la planta.

- ¿Qué le ha pasado? - preguntó la nueva. - Es muy joven.

- Una crisis nerviosa. Verás muchas en esta planta.

- ¿Y el muñeco? - La joven se refería al Nenuco que Eva sostenía acunándolo mimosa; madre e hijo en una celda acolchada.

- Perdió a su marido y a su hijo en un accidente de coche - explicó la mayor con un deje de tristeza. - Él conducía bebido de vuelta a casa de una fiesta. Se salieron de la autopista y tardaron tres horas en liberarlos del amasijo de hierros... Dicen que el bebé ya estaba muerto en sus brazos, él estaba destrozado pero aún tuvo tiempo de despedirse de ella, sin saber que su hijo había muerto por su culpa.

- ¿Por eso enloqueció?

- Sí, cuando vio que enterraban a su niño, no pudo aceptarlo. Enloqueció en el cementerio al ver la cajita blanca. Llegó a arrancarse mechones de pelo… Una pena.

- Sí, ningún niño merece morir.

- ¿Eh?... ¡Ah!... Lo decía por ella.

Ambas mujeres se dirigieron a la cafetería del manicomio en el que trabajaban.

2 comentarios:

Jorge Urreta dijo...

Felicidades, un gran relato. El estilo narrativo en primera persona le da mucha agilidad y hay un punto claro que hace que quieras seguir leyendo: el momento en el que el padre se va sin dar explicaciones. Creo que ocurre en el momento adecuado, antes de dar tiempo a que te canses de leer y en el instante adecuado para conferir mayor interés a la historia. Lo dicho, felicidades. Y a ver si te animas a publicar algún relato más, que aunque leer en una pantalla es más incómodo, queda compensado por leer buenas historias como esta.

P.D.: Veo que tus lectores son tan poco participativos como los míos :)

Ruth dijo...

No me esperaba para nada el final. Ya estaba suponiendo que era una historia de desamores, y la pobre mujer me estaba cayendo hasta mal por pedante, por creerse que el amor es perfecto; le estaba diciendo "ves?, ves como al final te deja?", y luego la que se ha quedado de piedra he sido yo.
Jorge, tendré que empezar a leerte a ti también para que tengas a alguien que participe...